Tres livianitos y frescos y un tinto un poco más
estructurado
Arrancamos con los livianitos
Cerro del Toro Pinot Gris Naranja. Si, otro naranja…
pero el último en unos cuántos meses. Pero no es un vino de Cerro del Toro que
vas a ver en los supermercados: es un experimento que les quedó bárbaro pero no
encontró lugar en el portfolio comercial de la bodega. Una rareza sutil, fresca
y deliciosa. Tan sutil que pasa por blanco… de este lado nos encantó y los
compramos todos.
Siguiendo con los Cerros, va un Cerro Chapeu Rosé Saignée. Otra delicadeza. Un vino rosado hermoso de sangrado de Merlot, Cabernet Sauvignon y Tannat. ¿Sangrado? Te contamos en el librito.
Ahora los tintos:
Otro vino que no vas a encontrar en ningún lado porque los
compramos todos: un Viggiano Mar de Nos Sousón. Un vino oscurísimo pero
liviano, primera cosecha productiva de esta cepa portuguesa en Uruguay.
Nosotros lo probamos directo de la barrica hace unos meses… cuando Martín los
embotelló y etiquetó nos mandó un mensaje inquietante: “Pah… no sabes como
quedó esto”.
Y el tinto más estructurado, un Bodeguita del Cacho Cabernet Sauvignon Roble (hecho en Canelón Chico por una enóloga española)… una rareza para nosotros: no somos fans de esta cepa (se notará, es el segundo que sacamos en 36 meses del Club) pero este nos enamoró. Fuerte.
En el librito de contamos del origen japonés de Cerro del Toro, sobre las cepas Pinot Gris y Sousao, por qué algunos vinos tienen olor a morrón y unas cuantas cositas más.